Almacén de Derecho

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jueves, 13 de septiembre de 2012

La independencia de Cataluña y los españoles que generan sentimientos separatistas en los catalanes

Ser independentista es un sentimiento. Uno se siente esloveno y no yugoslavo, bretón y no francés, napolitano y no italiano o catalán o vasco y no español. Y, como todo sentimiento, es muy difícil de racionalizar. El independentista encontrará siempre argumentos para justificar que es independentista con independencia, valga la redundancia, de lo “cariñoso” que sea el Estado con la región que quiere declararse independiente por no hablar de lo míticos que sean los fundamentos lingüísticos, culturales o históricos de tal sentimiento.
Es verdad que, cuanto más “cariñoso” sea el Estado y los habitantes de las demás regiones que componen el Estado con los de la región independentista, menor extensión tendrá el sentimiento independentista porque los seres humanos solemos actuar con reciprocidad y querer a los que nos quieren.
Pero la libertad de expresión, la Justicia y la solidaridad deben prevalecer sobre esa consideración. No sería agradable vivir en una sociedad en la que la gente autolimita su libertad de expresión para no “crear nuevos separatistas” ni sería aceptable que el Estado privilegiara a una región para evitar el riesgo de extensión del sentimiento independentista. Lo que sucede con la expresión de críticas o burlas a cualquier aspecto de la religión islámica debería ser suficiente para convencernos de que no es una estrategia aceptable la de “apaciguar” al que piensa lo contrario que uno por la vía de restringir los derechos de los individuos obligados a “apaciguar” al otro.
Esa ha sido la estrategia constitucional con el País Vasco y así nos ha ido. Una vez que se ha acabado el terrorismo, ni siquiera existe excusa “política” que justifique la vigencia del Concierto vasco y el Convenio con Navarra, instrumentos de privilegio inaceptable para los residentes en las cuatro provincias del norte de España. No es que haya que dar a Cataluña un estatuto fiscal semejante al vasco. Es que hay que suprimir el privilegio vasco-navarro.
Además, debe desdramatizarse la “cosa”. Dada la apertura de la economía española y la pertenencia a la Unión Europea, la independencia de Cataluña no significa lo mismo que la del Reino de Aragón. Lo que hay que hacer es reformar la Constitución, suprimir la Disposición adicional primera y regular la posibilidad de secesión exigiendo mayorías claras (75 % de votos favorables a la independencia en un referendum en el que haya participado, al menos, el 75 % del censo garantiza que la mayoría de la población de la región se ha pronunciado a favor de la independencia).
Y, una vez aceptada la posibilidad de secesión, la negociación permanente del estatuto de la región debe acabar. La Constitución debe establecer con claridad las competencias de la región y su financiación adecuada generando los incentivos en los políticos regionales para no gastar más de lo que pueden financiar. Y el Estado no debe quedar sometido al chantaje permanente cada vez que surge un conflicto con la región que consiste en apelar al riesgo de incrementar el sentimiento separatista.
Y la no-negociación debe extenderse al status de la región. El símil de la comunidad de vecinos es apropiado. El vecino descontento no puede pretender quedar sometido a algunas reglas de la comunidad y a otras, no. O acepta todas las reglas, o se va de la casa. Por tanto, las alternativas de un catalán independentista son solo dos: o acepta el status que resulta de la Constitución o pide la independencia de acuerdo con las normas sobre secesión. Pero no puede elegir cómo quiere vivir en el edificio común. Ni confederación, ni federalismo asimétrico, ni autonomía en los aspectos que interesan pero no en los que no interesan. El status de las regiones aceptado por todos los españoles es el que deriva de la Constitución. O eso, o la independencia. Para cualquier alternativa diferente, debemos ser consultados todos los españoles y no solo los habitantes de la región afectada. Y no basta la intervención de las Cortes Generales. Porque lo que se discute es si un vecino de la casa va a quedar sometido a distintas reglas de los demás vecinos de la casa y, eso, no lo puede decidir, por sí solo el presidente de la comunidad en negociaciones con el vecino díscolo.
Este “todo o nada” racionalizaría la discusión y obligaría a los independentistas a poner de manifiesto los inconvenientes de la independencia y a los restantes españoles discutir sobre las ventajas de la secesión de una región para el resto. Entre otros, los elevadísimos costes de cualquier separación cuando una de las partes – España – tiene la sartén por el mango. Solo esa perspectiva obligará a los independentistas a ser “cariñosos” en el proceso de secesión. Por el contrario, mientras la discusión se base en que los políticos catalanes pueden mejorar su posición relativa sin dar nada a cambio (simplemente apelando a que, de ese modo, se reduce el sentimiento independentista) esto será el cuento de nunca acabar.

6 comentarios:

Germà Bel dijo...

Muy razonable, profesor Alfaro. Sólo dos pequeños matices. Uno, de dinámica: si las cosas son foto fija, ¿cómo se explica la evolución de las opiniones y posiciones políticas? Por otra parte, y como sugerencia: La UE ya ha asentado unos criterios de mínimos para el reconocimiento, a raiz del referèndum de Montenegro...por tanto, me parece cosa sobre la que ya disponemos de acervo, que podemos usar, llegado el caso. Destaco, en todo caso, que el fondo del asunto es lo que importa: una minoría (Cataluña) no puede imponer a una mayoría (España) un cambio de las reglas de organización de las que esa mayoría ha querido dotarse y quiere mantener. En tal caso, lo inteligente, cuando la voz no funciona, es articular el mecanismo de salida, como usted viene a proponer. Aunque reitero ese pequeño matiz de que ya tenemos criterios EU a partir de referèndum de Montenegro. Saludo bien cordial

JESÚS ALFARO AGUILA-REAL dijo...

Dos matices. Uno, yo no digo que sea una foto fija. Pero no podemos hacer referendos cada 5 años. 20 - una generación - es razonable.
El precedente de Montenegro no es tan próximo (http://en.wikipedia.org/wiki/Montenegrin_independence_referendum_(2006)) en el sentido de que se trataba, casi, de decidir si, tras la descomposición de Yugoslavia, Montenegro elegía la independencia o la incorporación a la república de Serbia. Y no creo que nadie defienda que la secesión de Cataluña, que nunca ha sido un Estado independiente en el sentido contemporáneo de la palabra Estado, pueda equipararse a la decisión de una parte de un Estado que ha desaparecido sobre con qué "resto" del Estado original desea continuar o, por el contrario, ser independiente. Por tanto, creo justificado un umbral favorable a la independencia mayor que el de la mayoría del 50/55 %. O sea, que lo de Montenegro se parece más a los casos coloniales que al derecho moderno de secesión http://en.wikipedia.org/wiki/Clarity_Act
Gracias, de nuevo por el comentario

Germà Bel dijo...

Con lo de la foto fija me he explicado mal. Precisamente el interrogante es que su post no explica los cambios de opiniones y posisiones en los últimos años. Por lo que respecta a lo de Serbia y Montenegro, la República Federal de Yugoslavia fue sucesora en derecho internacional desde 1992 http://es.wikipedia.org/wiki/Rep%C3%BAblica_Federal_de_Yugoslavia de la antigua Yugoslavia. El referendum de Montenegro (integrante originario de la nueva república) se produjo 14 años después. La República Federal de Yugoslavia era un estado soberano y no se hallaba en proceso de descomposición a principios de los 2000s. Por otra parte, no se trata de un supuesto de derecho de autodeterminación en términos de derecho internacional, dado que no se trata de una colonia en términos de 1953, y participaba en la formación de decisiones del conjunto de la República. Por lo que respecta a la composición por orígenes, su propio enlace lo deja visible. No entiendo por tanto por qué los cambios de exigencias cuantitativas. Alternativamente, se puede adoptar el criterio de la Corte Suprema de Canadá, que parece un país con una cultura democrática más asentada y envidiable. Un saludo cordial.

Anónimo dijo...

Muchas gracias por hacer público este blog con sus opiniones. Las sigo con sumo interés en cuanto a lo que aportan y hacen pensar.

Le ruego disculpe el atrevimiento pero no puedo dejar pasar la oportunidad para incidir en algo en lo que los conciertos y convenios con Navarra y Pais Vasco son positivos. Como es conocido, obligan a los gestores públicos a cuidar de las dos partes de la cuenta, puesto que son responsables de los ingresos y no solo de los gastos. En otras comunidades los gobernantes no tienen otra misión que gastar cuanto más, mejor (no hace mucho escribió Ud. mismo sobres eso).
Es innegable y conviene recordar que tanto Navarra como el Pais Vasco contribuyen a la financiación del Estado. También, ya que hablamos de Cataluña, es imprescindible recordar que se les ofreció el mismo sistema de financiación que a estas otras dos comunidades. Evidentemente, no lo aceptaron. Claro era mucho mejor que recaudaran los otros.

Por otro lado, el sentimiento identitario es muy cómodo para ocultar las verdades, como todos los procesos dominados por sentimientos, el pensamiento queda sencillamente apartado.

JESÚS ALFARO AGUILA-REAL dijo...

Gracias, Anónimo. Todo lo que dices es correcto (y los de CiU no cuentan ahora toda la verdad) pero el Concierto vasco y navarro es estructuralmente un privilegio. Estoy de acuerdo, sin embargo, en que en la reforma de la Constitución, debe preverse que el que gasta recaude para que los ciudadanos de la región "sufran" a sus políticos y no solo los "disfruten". Pero tiene que haber una Hacienda del Estado y una Hacienda regional. En el caso del PV y, al margen de la SS (cuyos saldos son muy favorables al PV porque las pensiones son más altas en PV que en otras partes de España), el hecho es que solo el 6% de lo recaudado en PV va a las arcas comunes. Los estudios www.sintetia.com indican que, a pesar de ser dos regiones muy ricas, la aportación de PV y NA a la solidaridad interregional es negativa. Eso hay que cambiarlo

Germà Bel dijo...

Respecto a lo que ustedes comentan, sólo dos precisiones:

a) Nadie ofreció el concierto a Cataluña cuando se elaboró el Estatuto de Autonomía de 1980. Simplemente sucedió que los partidos políticos articulados a nivel estatal (PSC-PSOE, UCD y PSUC-PCE) tenían mayoría en la Comisión que lo elaboró en Sau en 1979, y no estaban a favor de ese modelo. Pueden ustedes consultar las actas, o las hemerotecas de los medios de comunicación de la época. Interesante especular sobre qué habría sucedido en el Congreso de los Diputados de haberse aprobado en Cataluña el modelo de concierto. Como ahora todo el mundo dice que es inconstitucional, y la Constitución ya estaba vigente en 1979.....complicada la cosa, complicada.

b) Por otra parte, las identidades nacionales simplemente existen, como comentaba el Sr. Alfaro en el escrito que ha originado esta conversación. Lo consistente es respetarlas todas, o denigrarlas todas por igual. Cualquier otra actitud no es consistente. Adicionalmente, no entiendo el argumento de que no se puede discutir de forma razonada en el marco de diferentes identidades nacionales. Pasa cada día en la UE, en la ONU....

Muchas gracias.

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