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sábado, 11 de noviembre de 2017

América, una economía desregulada

 

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Ceiba especiosa (dyewood) wikipedia

“Los historiadores que comparan la política colonial española e inglesa en los siglos XVI y XVII tienen dos problemas. Uno es explicar los hechos o acontecimientos que tuvieron lugar. El otro es explicar los que no tuvieron lugar pero era razonable que hubieran ocurrido”

“Nuestra tesis es que Méjico tuvo un desarrollo más lento comparado con España en el siglo XIX debido a que colapsó como Estado entre 1810 y 1870. Esto es… sólo la continuación de nuestra explicación del desarrollo más lento de Castilla desde el siglo XI hasta el XVIII. Originalmente, España sólo tenía que preocuparse de la producción y transporte de la plata desde dos zonas geográficas relativamente bien definidas como eran el centro de Méjico y Bolivia, lo que era una tarea administrativa razonablemente simple. Sin embargo, conforme las colonias comenzaron a tener una población más grande y economías más complejas, España no tenía la capacidad estatal para gobernarlas adecuadamente, especialmente en lo que al suministro de bienes de consumo europeos se refiere…. simplemente España no tenía un sistema burocrático centralizado suficiente para tal tarea. La utilización, por el Rey de los consulados no es un ejemplo de centralización del poder ya que no impidió que los comerciantes se implicaran abundantemente en el comercio ilegal y sin pagar los impuestos correspondientes, comercio en el que intervenían las otras potencias europeas en las mismas puertas (Cádiz) del principal puerto colonial español (Sevilla)”.

 

El contrabando tenía lugar igualmente en Méjico, lo que sería una prueba más de la falta de capacidad estatal en las colonias. En el siglo XVII, buena parte de la producción de plata seguía rutas ilegales. Méjico carecía de un gobierno central eficaz. Igual que Inglaterra en los comienzos de la Edad Moderna, el Rey tenía que confiar en los consulados – los gremios de comerciantes – y en comerciantes extranjeros para el comercio exterior y para recaudar los impuestos aduaneros. Sólo cuando, en el siglo XVII Englaterra desarrolló la capacidad estatal suficiente, pudo permitir (Carlos I de Inglaterra) la libre entrada en el comercio entre Inglaterra y las colonias de América del Norte. Y eso sólo lo pudo hacer el Rey de España en el siglo XVIII (recuérdese que la liberalización del comercio con América es obra de Carlos III). En el siglo XVII, el comercio con las colonias españolas era prácticamente libre – aún ilegal – y estaba en manos de comerciantes extranjeros (ingleses y holandeses sobre todo).

De esta manera, en el comercio americano no faltaba el “orden” pero sí faltaba la “ley”, lo que impidió el desarrollo institucional que sirviera de base a una economía capitalista en el XIX.

Volvamos a 1492

Ese año se produjeron cuatro acontecimientos extraordinarios en Castilla: la conquista de Granada, la expulsión de los judíos, la publicación de la primera gramática del castellano y el primer viaje de Colón a América. Desde la perspectiva de los contemporáneos, este último acontecimiento debió de ser el menos relevante en un siglo en el que se habían realizado ya abundantes descubrimientos geográficos y los europeos habían sentado plazas en África y Asia. Los otros tres permitieron “el desarrollo de un sentimiento común de identidad basado en el catolicismo, la lengua y un cierto orgullo nacional, sentimiento que los Austrias no trataron de hacer común a Aragón. La corona de Aragón no participó en las colonias y el castellano no se extendió a Cataluña hasta el siglo XVIII. Isabel y Carlos I y Felipe II estaban ocupados con controlar a las ciudades castellanas tras las guerras “civiles” que se habían arrastrado hasta 1480. Los sucesores de Isabel no mostraron mucho interés por las colonias americanas lo que explica – unido a la falta de capacidad estatal – que las órdenes religiosas (dominicos y franciscanos primero, jesuitas después) tuvieran tanto protagonismo. La Iglesia, puesta al servicio de la corona tras las reformas de Cisneros, era el único cuerpo de “funcionarios” con capacidad para imponer cualquier política colonial y los conflictos jurídicos lo fueron entre los conquistadores y las órdenes religiosas (las disputas respecto del sistema de encomiendas y la conversión de los indígenas en siervos).

 

 

¿Cómo controló Felipe II la producción de plata?

 

Cuando se descubren los yacimientos de Potosí y Zacateca (1545-1546), el sistema existente de encomiendas – un sistema próximo al feudal para las explotaciones agrícolas y ganaderas – no sirve. Felipe II apoya a los dominicos críticos con el sistema de encomiendas y se proclama dueño del subsuelo (con independencia de quién sea el propietario de la tierra) y da libertad para explotar las minas a cualquiera exigiendo, a cambio, un quinto de la producción (el quinto real) o una décima parte (diezmo en el caso de Méjico porque no existían grandes yacimientos sino que estos estaban dispersos por el territorio). La producción se controlaba a través del monopolio sobre el mercurio, necesario para refinar la plata. Gravando el mercurio y monopolizando su distribución, el Rey podía adquirir información sobre quién estaba extrayendo plata y en qué cantidades. Al Rey le bastaban algunos funcionarios en las zonas mineras y centralizar el refinamiento del mineral. En fin, la organización del transporte desde América a Europa respondía a la idea de minimizar el contrabando lo que condujo a que, en lugar de “sacarse” por Buenos Aires, se transportara a Lima, de ahí por mar hasta el istmo de Panamá (había leído en otro lugar que el transporte hasta Cartagena se hacía por tierra por medio de mulas), por tierra entonces, y por mar de nuevo hasta Cartagena donde podía embarcarse en la flota que anualmente se dirigía a España. La de Méjico, a través de Veracruz (o Acapulco para la destinada a Asia) y ambas se unían en Cuba para aprovechar los vientos favorables.

 

La producción de minerales era la actividad económica principal

 

Bastaba con la ganadería extensiva para cubrir las necesidades de los mineros. Los bienes de consumo tenían escasa demanda hasta que las ciudades florecieron y apareció un grupo numeroso con capacidad de consumo de productos de lujo, productos que requerían de mucho más que una flota anual (la de la Carrera de las Indias) que acompañaba a los galeones que transportaban la plata. Y, por otro lado, las riquezas minerales hicieron que, durante el siglo XVI, por lo menos, América no produjera las materias primas que podrían venderse en Europa como hiciera más tarde el Caribe y América del Norte con el tabaco, el algodón y el azúcar. En Brasil se cultivó azúcar y Cuba era perfecta para el tabaco y el azúcar pero, en 1600, “las exportaciones de azúcar estaban en manos exclusivas de Francia e Inglaterra”. Méjico y América Central exportaban tintes (a partir de las ceibas, palo de rosa y palo borracho), cacao e índigo. Los ingleses utilizaron Belize para hacerse con ese comercio llevando bienes de consumo a Méjico y Centroamérica en sus viajes de ida hacia el continente americano y trayendo hacia Europa esas materias primas. El sistema español de flotas impidió que los comerciantes españoles hicieran lo propio (aunque, en la primera mitad del siglo XVII, los portugueses – que eran súbditos del Rey de España hasta 1640, tuvieron un gran protagonismo en el comercio lícito y en el contrabando de esclavos y de bienes de consumo).

En definitiva, el comercio – salvo el de metales preciosos – se practicaba en la ilegalidad más generalizada de manera que no se desarrollaron las instituciones jurídicas que podrían haber ayudado y fomentado el comercio, instituciones que habían florecido en Europa, desde la Baja Edad Media en forma de la letra de cambio, los mercados de capitales (de deuda), las formas societarias avanzadas (condominio naval formado por decenas de copropietarios, sociedad comanditaria y luego la sociedad anónima), los bancos, los seguros. Todas esas instituciones en un entorno de seguridad jurídica pudieron ser utilizadas por holandeses e ingleses a partir del siglo XVII en el comercio trasatlántico pero no por los comerciantes españoles hasta bien entrado el siglo XVIII. No sorprende así lo primitivo de las relaciones societarias que se utilizaron en Sevilla y Cádiz para articular el comercio con América: sociedades para un solo viaje en forma de commenda.

“Si España hubiera desarrollado la producción de materias primas en el Caribe, los esclavos hubieran recibido suministros desde tierra firme. Los colonos habrían empezado a aprender a ser capitalistas”

Es decir, se habría generado comercio entre distintas partes del imperio español: los caribeños habrían producido azúcar, cacao, tabaco con mano de obra esclava y las zonas más templadas, aptas para la producción agrícola de alimentos, habrían suministrado las provisiones necesarias para mantener a los esclavos con vida en las plantaciones. Se habría generado así una dinámica “virtuosa” hacia el desarrollo de las colonias semejante a la que se desarrolló en el Norte de América. Pero, la concentración del interés español en la producción de minerales y el monopolio sobre el comercio <<legal>> que restringía notabilísimamente la oferta condenaron al comercio y a la especialización a devenir actividades ilegales o, al menos, realizadas al margen de la Ley.

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