El otro blog para cosas más serias

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viernes, 1 de diciembre de 2017

Los adolescentes como emprendedores morales y las empresas tecnológicas

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Matt Levine sobre la penúltima historia de Uber


Levine ha escrito una de esas columnas en las que brilla especialmente. En el caso, sobre Uber. Narra que Uber habría utilizado “mensajería cifrada y efímera” y teléfonos anónimos para no dejar rastro que pudiera ser empleado en un proceso judicial contra la empresa (lo que, dadas las reglas sobre discovery o aportación de pruebas del sistema jurídico norteamericano es siempre un riesgo de gran magnitud). El caso es que la información correspondiente ha sido puesta a disposición de los jueces por un empleado de Uber que había escrito un memo de 37 páginas dirigido al secretario general adjunto de Uber y que ha acabado en manos del demandante en el pleito que Google tiene contra Uber por robo de secretos industriales relativos al coche eléctrico.

Dice Levine que Uber es una “empresa de evasión regulatoria”, categoría que estaría un nivel por encima del “arbitraje jurídico” que las multinacionales emplean generalizadamente. Como hemos explicado muchas veces, las multinacionales minimizan la carga impositiva mediante estructuras internacionales de asignación de beneficios y hacen forum shopping y aprovechan la competencia entre ordenamientos en casi todos los ámbitos de su actividad, como eligen la sede más barata para distribuir sus actividades (fabrican en China, centralizan la distribución en Zaragoza o diseñan en Silicon Valley). Pero lo de configurar tu modelo de negocio para saltarte la regulación es algo distinto: Uber es un artista de incumplir la regulación del transporte urbano de personas y se ha encontrado con sanciones y demandas privadas en buena parte de los países donde se ha instalado. Dice Levine que esta forma de “emprendimiento” significa que “primero se infringen las reglas y luego se dice a los legisladores y reguladores que le persigan”.

La nueva entrega en esta serie por parte de Uber es que, a la parecer, Uber tiene un negociado dedicado “expresamente… a adquirir secretos comerciales, inteligencia… e información competitiva” o que la compañía “ofrece formación sobre cómo impedir u obstruir investigaciones legales” explotando, por ejemplo, el secreto profesional entre abogados y clientes. Compara Levine las tácticas de Uber con las del sector financiero.
Esta es una historia de arbitraje regulatorio, pero en una empresa, en una industria, cuya cultura es muy diferente a la de la industria financiera. Nada de esto es sorprendente , exactamente, para alguien que haya trabajado en un banco, o haya seguido la última década de escándalos en los bancos. Muchos banqueros… son tenue y peligrosamente conscientes del hechizo mágico de "privilegiado y confidencial". Todo el mundo sabe acerca de las conversaciones por correo electrónico que terminan con "LTL" (let’s talk live), "hablemos", justo cuando empieza lo bueno de la conversación. Pero estas cosas no se recogen en el manual del empleado. No hay formación sobre cómo ser astuto. Cuando David Viniar  dijo en una Comisión del Senado norteamericano "Creo que es muy desafortunado haber dicho algo así en un correo electrónico", cuando dijo algo muy desafortunado en un correo electrónico, mucha gente suspiró. Todo el mundo sabe que hay cosas que no se envían por correo electrónico, pero se mantiene en la ficción cortés de que no es porque no se envíen por correo, es que esas cosas “no existen” porque “no se hacen” no porque se las califique como “confidenciales”
Y ¿en qué se diferencian las tecnológicas del sector financiero? Hemos dicho en alguna ocasión que las tecnológicas son empresas adolescentes. El otro día leí una frase de uno de mis ídolos, Edward O. Wilson, que llamaba la atención sobre la contradicción entre nuestro equipamiento evolutivo y el entorno en el que se conduce el hombre moderno.

Esta falta de correspondencia se refleja muy claramente en lo que nos cuesta mantenernos delgados porque estamos preparados por la Evolución para ser unos tragaldabas porque la comida era escasa y seguimos comportándonos como tragaldabas en un mundo en que las comidas más ricas energéticamente están a nuestra disposición abundantemente. Lo propio ocurre, dice Wilson, con nuestros comportamientos sociales y con las instituciones políticas que hemos sido capaces de construir en miles de años de evolución cultural. La tecnología va a otro ritmo y la dislocación que experimentamos en la alimentación existe también entre las instituciones que ordenan la vida social (y tratan de maximizar la cooperación entre humanos) y las posibilidades que la ubicuidad de la tecnología ofrecen a los que descubren que el individuo ya no necesita de los demás para conseguir sus propios objetivos. La expansión de los mercados en los que los intercambios se vuelven anónimos y los individuos que intercambian devienen fungibles nos ha hecho olvidar que los mercados son meros mecanismos para mejorar la cooperación, no fines en sí mismos.

Las empresas tecnológicas, como los que tienen 15 años, - por eso las calificábamos de adolescentes – sufren una descompensación entre su “cuerpo” y su “mente”, entre los medios que utilizan para producir los bienes o servicios que constituyen su empresa y los arreglos jurídicos y morales que organizan las relaciones entre los que forman la empresa entre sí y las relaciones entre esas empresas y el entorno con el que se relacionan (sus clientes, sus proveedores, sus competidores y la Sociedad en su conjunto). En la medida en que todos estos “arreglos” constriñen lo que se puede hacer a lo que está permitido, las empresas tecnológicas, como los adolescentes, sufren un conflicto interno que les lleva a tratar, permanentemente, de expandir los límites jurídico-morales de su comportamiento.

Pero la innovación en Uber, y más ampliamente en Silicon Valley “convierte las intuiciones humanas difusas en algoritmos explícitos”. Levine pone el ejemplo del “price surge”, es decir, el algoritmo de Uber para adaptar los precios a la demanda de forma casi instantánea. Cuando la demanda de taxis es más alta, no sólo de forma periódica o previsible (viernes o sábados por la noche), sino también puntualmente (hay un partido de fútbol en el Bernabeu), los precios de las carreras se ajustan al alza automáticamente. Pues bien, dice Levine que
Elevar los precios cuando la demanda es alta es un comportamiento humano totalmente normal, el tipo de cosas que se explican… en los libros de texto de economía.
(la discriminación de precios ¡lo explica todo!)
Escribir un algoritmo para hacerlo automáticamente, alardear sobre eso y llamarlo "price surge”" es ... un poco ... ¿indecoroso? Una cosa que Uber está haciendo es una especie de arbitraje de normas, una apuesta de que puede salirse con la suya haciendo abierta y sistemáticamente cosas que otras empresas hacen ocasionalmente y, cuando lo hacen, de tapadillo.
Con esta conducta, Uber está transformando a la Sociedad. Como señala Levine, el “price surge” de Uber está empezando a ser valorado por los consumidores como más “justo” que las prácticas inveteradas de los pescaderos de subir el precio del besugo, los langostinos o los percebes en Navidad. Es decir, los adolescentes como “emprendedores morales”. La destrucción creativa de Schumpeter también en el ámbito de la moralidad y de las reglas para la cooperación entre los individuos.

1 comentario:

Anónimo dijo...

La maximización de los rendimientos es humana y comprensible. La "ceguera" de los modelos economicos es no comprender que este comportamiento tiene un precio a nivel global, humano, moral y social, que pasa factura "sí o sí". O sea, la ignorancia del precio real de determinadas prácticas no exime de su realidad. Por ejemplo, la "recaudación" en un país y la tributación en otro favorable, genera un incremento impositivo sobre otros factores productivos en el país "expoliado" difícilmente soportable para los sectores afectados, una sensación de desamparo, y un aumento de la brecha entre personas y organizaciones pudientes y personas desfavorecidas. Los modelos económicos o son sociales y contemplan todos los factores o son "tóxicos".

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